Hubo un
hombre que le dijo a Jesús: "Señor yo quiero heredar tu Reino”.
Jesús le
respondió: "¿Estás listo para llevar tu cruz y seguirme por el bien de mi Reino"?
El hombre
respondió: "Sí".
Entonces
Jesús le dio una cruz de su tamaño y le dijo: 'Lleva esta cruz hasta llegar a
la puerta del Reino de Dios”.
El hombre
comenzó su viaje con su cruz.
En su camino
se dio cuenta de que el viaje era largo, y que la puerta del Reino de Dios estaba
lejos y la cruz era demasiado pesada para él. ¿Sabes lo que hizo este hombre? Pues
empezó a cortar la cruz poco a poco hasta que se hizo más ligera y fue capaz de
llevarla.
Cuando estaba
a un tiro de piedra de la puerta del cielo, vio un gran canal que separaba el
mundo de la puerta del cielo. Entonces este hombre se quedó quieto, parado, pensando
en lo que debía hacer. Un ángel que estaba en la puerta le vio y le dijo: utiliza
tu cruz como una escalera y cruza el arroyo, porque ese era el propósito de la
cruz que llevas.
Cuando colocó
la cruz en la orilla como se le instruyó, se dio cuenta de que era demasiado pequeña
como para atravesar el canal; la amplitud del hueco era más grande que la
longitud de la cruz.
Fue en este
momento cuando se dio cuenta de que la cruz original que se le dio al principio
sí tenía el tamaño del canal, pero ahora -por pereza- había cortado la cruz, y
como resultado, este hombre no era capaz de heredar el Reino del cielo.
Esta historia
nos da lecciones de perseverancia y resistencia.
Eufemia Abugu

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